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Desarrollo mental del cachorro en su primer año de vida

La infancia es un período de máximo aprendizaje en la mayoría de las especies. Es cuando el cerebro está preparado para absorber información y formar las uniones neuronales necesarias para todas las funciones mentales de la edad adulta. En los humanos esta etapa abarca varios años, pero en los perros la evolución desde el nacimiento hasta la adultez dura solo un año.

Si queremos educar a nuestro cachorro para que se convierta en un adulto equilibrado y bien adaptado a la vida con las personas, es importante conocer qué ocurre en cada etapa de su desarrollo y así sacar el máximo de su potencial exigiéndole siempre de acuerdo a su capacidad a cada edad.

-Del nacimiento a los tres meses: en los primeros 14 días el perrito tiene sus ojos y oídos cerrados y depende completamente de su madre para alimentarse, defecar, orinar e higienizarse. No tiene capacidad de aprender nada que no esté relacionado con estas actividades. A partir de los 14 días comienza una nueva etapa de exploración y aprendizaje; el cachorro empieza a caminar y ya puede ver y oír. Hacia los 20 días ya sale de la cuna para hacer sus necesidades, empiezan a asomar los dientes, puede comenzar a comer papilla y está preparado para aprender sobre seres que no son él mismo. Entre los 20 días y los 2 meses el cachorro comienza a relacionarse con sus hermanitos y su madre (ya no solo para las necesidades básicas) y aprende la comunicación con otros perros mediante juegos y peleas inocentes. Si esta etapa no se cumple bien, él se sentirá inseguro frente a otros perros y probablemente será desconfiado y peleador. Durante esta etapa también mejora su capacidad para retener orina y trata de alejarse más del nido para descargarse.

Es fundamental para su buen desarrollo que tenga relación con personas a partir de las 4 semanas. Si recibe cariño, alimentación y un trato suave y agradable, él aprenderá a confiar en los humanos y los recibirá moviendo su cola en señal de alegría. Si, por el contrario, no tiene contacto con personas o tiene una mala experiencia, le costará mucho en el futuro confiar en ellas y será un perro temeroso que puede llegar a morder si se siente amenazado. A partir de los dos meses la madre ya no los amamanta y los perritos comienzan a formar un grupo entre ellos, y a establecer sus jerarquías mediante peleas más serias. A esta edad se recomienda separarlos y llevarlos a los que serán sus hogares con personas, pues ya comienzan a tener un comportamiento de manada que no es apto para un perro de familia.

El perrito ya está listo par adaptarse a la vida en su nuevo hogar y a recibir algunas primeras lecciones de educación como excusa para premiarlo mucho. No hay que dejarlo solo por períodos prolongados, hay que darle atención, jugar con él para que logre crear un lazo de unión positiva con su nueva familia. Entre las semanas 8 y 16 el perrito desarrolla el aspecto de dominancia o subordinación de su personalidad, es aquí donde él asumirá su rol en la jerarquía familiar. Si quieres disfrutar de un buen perro por muchos años asegúrate de tomar el rol de líder siendo firme y marcándole los límites.

-De los tres a cinco meses: a esta edad el cachorro es muy curioso y juguetón. A los tres meses y medio empieza a perder los primeros dientes de leche. Es el momento cuando se forman los lazos más firmes y las relaciones más profundas entre tu perro y tú. Ya desde los 2 meses debes comenzar a enseñarle donde debe hacer sus necesidades y a partir de los tres meses está listo para sus primeras lecciones serias de obediencia, siempre con mucha paciencia y suavidad.

-De los cinco a siete meses: ya no es un cachorrito, sino cachorro con pelotaun adolescente que crece rápidamente. Todavía continúa el recambio de dientes de leche que puede resultar molesto y doloroso. A esta edad ya no debería tener problemas para orinar y defecar donde se le indicó. En las razas pequeñas y medianas él ya casi tiene su tamaño adulto; las razas grandes y gigantes tardan más tiempo en alcanzarlo. Aún así todavía es un cachorro y debes cuidarlo y tratarlo con delicadeza para no afectar su personalidad. Esto no significa que haga todo lo que quiera, pero sí que no debes golpearlo o asustarlo si hace algo mal. Puedes demostrarle lo que quieres con cariño y paciencia, como lo harías con un niño. A esta edad debes enseñarle también todo lo referente a hábitos de higiene, como baños, cepillado, revisada de orejas, corte de uñas, etc. Aunque tú no hagas estas tareas, acostúmbralo tocando estas partes con frecuencia para que se habitúe.

-De siete a doce meses: ya ha terminado el recambio de dientes, pero sigue siendo curioso y le encanta jugar. Ya puede salir a hacer caminatas más largas, aunque todavía debes tener cuidado de no hacerlo saltar demasiado ni hacer giros bruscos porque sus articulaciones y su musculatura están terminando de formarse y podría sufrir lesiones. Aprovecha estos paseos para sus lecciones de obediencia, que ya pueden ser más largas y exigentes. El tiene la resistencia necesaria y, si has hecho bien las cosas, su deseo de agradarte y pasar tiempo contigo es tan grande que tomará las clases como un juego y aprenderá lo que le enseñes con tal de agradarte y recibir tus felicitaciones.




Hay que educarlos desde el primer día

Las pautas que definen los hábitos de conducta de los perros han evolucionado a lo largo de decenas de miles de años. El comportamiento y las respuestas normales de un perro son, en gran medida, previsibles. Lo que no es previsible es el efecto que tiene sobre él el entorno que le brindamos, así como la educación, o, en muchos casos, la falta de ella.

Cuando traes un cachorro nuevo a la casa, siempre surgen algunos problemas que hay que resolver, como los aullidos de las primeras noches. Cuanto más información tengas acerca del comportamiento canino, más fácil te resultará confortarle para que haga gustoso lo que tú quieras. Los cachorros se hacen adultos en un año, así que si quieres tener un perro que sea un gran compañero no postergues su educación. Si no vas corrigiendo su comportamiento a medida que se presentan las dificultades, en poco tiempo tendrás que consultar a un especialista para que te ayude a educar a un pequeño demonio.

Problemas de los cachorros

Llorar toda la noche: este es una de las primeras dificultades con las que tienes que lidiar. Las primeras noches en su nueva casa son momentos de mucho miedo para el cachorro y por eso llora o aúlla cuando se queda solo. El ha perdido todo lo que le era familiar, luego llega a la casa, juega unas horas contigo y tu familia; esto le alcanza para considerarse parte de la nueva manada, pero llega la noche y todos le abandonan. No hace falta que le lleves a la cama contigo, pero sí es una buena idea colocarle en una caja o jaula de donde no pueda escapar y llevarle a tu habitación a pasar la noche. Así sabrá que estás ahí, pero cada uno en su sitio.

Si no lo puedes llevar contigo, una gran ayuda es darle algo que tenga el olor de su hogar anterior o el tuyo si ves que eso le conforta. También sirve colocar cerca de él un reloj que haga tic-tac, pues puede recordarle los latidos de la madre y darle tranquilidad. De la misma manera, una bolsa con agua tibia envuelta en una toalla o frazada a su lado puede parecerse a la presencia de uno de sus hermanos. A algunos cachorros les resultará de ayuda algún sonido suave, como música o la radio, o incluso una grabación con tu voz en ella. También puedes dejar una luz tenue. Si tienes otro perro o un gato que no sean agresivos, déjales dormir juntos y el cachorro estará feliz.

Morder objetos: este comportamiento se puede ver en cachorros aburridos, ansiosos o que se dejan solos mucho tiempo. También puede deberse a las molestias que causa el cambio de dientes entre los 3½ y los 7 meses. Lo mejor es darle juguetes u otros objetos que le sirvan para aliviar su dolor a su aburrimiento. Nunca le des un juguete que se parezca a las cosas que quieres proteger, tampoco zapatos viejos o medias rotas, pues con eso le estás enseñando quecachorro mordiendo morder esos objetos está bien y no podrá distinguir entre los permitidos y los que no lo están. Al igual que ocurre con los niños, los mordillos fríos les ayudan a aliviar el dolor de encías. Dale un plato con cubos de hielo o un trozo de tela enrollada como soga que hayas mojado y dejado unas horas en el congelador.

Mordidas y arañazos: esto es algo que nunca se le debe permitir. El cachorro debe saber desde el primer día que morder no está bien y no es un juego que deba practicar con los humanos. Los dientes de un cachorro seguramente no te harán mucho daño, pero los de un adulto sí. No juegues a poner los dedos en su boca porque le estás enseñando a morderte y después será tu responsabilidad si muerde a cualquier niño o adulto. Cuanto intente morderte dile NO con firmeza, y prémialo en cuanto deje de hacerlo. Haz lo mismo todas las veces que esto se repita.

Ladridos: los ladridos excesivos son muy molestos y pueden traerte problemas con los vecinos. Es más fácil corregir esto en un cachorro apenas comienza el problema, que cuando es adulto y ya está instalado. No le festejes los ladridos; actúa de la misma manera que con las mordidas: dile NO firmemente cuando ladre y prémialo apenas deja de hacerlo. En cuanto el veterinario te lo permita, llévale a dar largos paseos, pues descargará energías y no sentirá tanta necesidad de ladrar.

Es muy importante que el cachorro vea desde el primer día que tú eres el “jefe” y que él debe obedecer. Cuando digas NO, hazle cumplir. Si lo dejas hacer lo que quería de todos modos, esa orden perderá fuerza y ya no te servirá. Enséñale a acudir cada vez que le llamas, pero para lograrlo debes llamarlo solo para acariciarlo y ser amable con él, nunca para regañarle y mucho menos para pegarle. Si coge un objeto y sale corriendo, no le persigas, pues estarás avalando este juego. Dile NO y llámale para que te lo devuelva. Para saber como conquistarle usa tu sentido común y, sobre todo, piensa como pensaría tu perro. Si él ladra en la calle porque tiene miedo y tú le acaricias para calmarlo, lo estás premiando. El pensará que ladrar está bien.

Disfruta de tu cachorro y entabla una buena y sana relación con él. Corrige los problemas de comportamiento a medida que se presentan y no esperes, porque luego será más difícil. Sé coherente y consistente; piensa que siempre estas enseñando algo al cachorro, y si no es algo bueno, es algo malo.




Perros que comen materia fecal

Algunos perros tienen la fea costumbre de comer materia fecal, ya sea la de ellos mismos, la del gato de la casa u otras que encuentran por la calle. Este comportamiento se considera normal cuando la madre limpia las cacas de los cachorros, probablemente para ocultar la presencia de la camada de otros depredadores. También es algo frecuente en perros de menos de 1 año; muchos de estos casos se resuelven solos cuando el perrito crece y pierde la costumbre, pero en otros casos es necesario intervenir para erradicarla.

El hábito de comer materia fecal se llama coprofagía. Esto no implica ningún riesgo para la salud del perro cuando se come sus propias cacas. Pero si él busca la de gatos u otros perros, ahí sí hay riesgo importante de contagio de parásitos y enfermedades virales.

Para poder erradicar la coprofagía es muy importante detectar la causa y atacarla directamente. Hay unos pocos casos en que el perro come materia fecal porque tiene alguna deficiencia nutricional, usualmente carencia de vitaminas B o minerales o exceso de hidratos de carbono. También se da en perros desnutridos o con mala digestión; en estos casos se notan materias fecales blandas, grasosas y malolientes y el perro vuelve a ingerirlas buscando recuperar los nutrientes perdidos y porque siente mucha hambre permanentemente. Este tipo de problemas se soluciona o mejora sensiblemente corrigiendo la dieta y también utilizando los medicamentos específicos para mejorar la digestión, como enzimas pancreáticas.

La mayoría de los perros que comen cacas, sin embargo, lo hacen por un problema de conducta. Hay muchas teorías sobre el tema, pero no sabemos realmente por qué lo hacen. Algunos perros viven en situaciones estresantes, como un ambiente muy reducido, falta de ejercicio, aburrimiento, sometimiento constante por otro perro, etc. Esta ansiedad los lleva a comer materia fecal. Otros perros simplemente han aprendido esta conducta y la repiten por costumbre o porque les gusta.

El mejor momento para corregir la coprofagía es cuando recién se inicia, pues después se hace mucho más difícil. Lo más básico es levantar las deyecciones dos o tres veces al día. Para esto hay que alimentar a los perros de manera ordenada, con horarios determinados. Normalmente ellos defecan después de comer, así que lo mejor es darles la comida en un horario en que puedas estar atento y limpiar en cuanto termina de defecar. Otro cambio básico es darle al perro una dieta nutritiva con un balance adecuado de nutrientes dividida en dos raciones al día. Si el perro busca la materia fecal del gato de la casa, procura usar una bandeja sanitaria con tapa o ubicarla en un sitio que no sea accesible para el perro. Aparte de esto puedes usar productos formulados específicamente para dar un sabor desagradable a la materia fecal. Son polvos que se agregan a la comida del perro o del gato, según corresponda, y son muy fáciles de administrar. También se han utilizado suplementos de enzimas digestivas y prebióticos que pueden ayudar en algunos casos.

Cuando el problema se debe a la falta de atención o de actividad, una buena opción es suministrar juguetes que sean más interesantes que la materia fecal. Obviamente también será necesario llevar a tu perro a caminar a la calle o a ejercitarse al parque para liberar tensiones y pasar un rato agradable contigo, que eres lo más importante para tu perro.

Las soluciones son diferentes para los perros que comen materia fecal que hallan en la calle. Una opción es llevarlo todo el tiempo con correa para poder controlarlo y regañarlo o aplicar un tirón corto a modo de correctivo (no un castigo) cuando está por acercarse a una caca. Si quieres dejarlo suelto, puedes ponerle un bozal de tipo canasta, que le permite jadear, tomar agua y husmear, pero no le deja comer objetos que encuentre en el suelo. Mientras tanto enseña a tu perro a obedecer algunas órdenes, así estará más atento a ti y se distraerá un poco del entorno. Para el parque es ideal que aprenda a recoger algo que le arrojas para jugar y a dejar algo que ha cogido indebidamente.

Recuerda que los perros de menos de un año usualmente abandonan este desagradable hábito con el tiempo, pero no dejes de usar alguna estrategia para distraerlo de las cacas. Proporciónale una actividad más interesante y divertida; sé creativo, observa a tu perro y descubre como llamar su atención para que olvide la materia fecal.




Agresividad en los perros

La agresividad en los perros es cualquier comportamiento destinado a intimidar a un supuesto adversario, ya sea una persona o un animal. Puede tratarse de un ataque directo, pero hay también otras formas más sutiles, como mostrar los dientes, gruñir, ladrar mirando directamente a los ojos, una mirada con actitud amenazante, o pequeños mordiscos.

Los perros, así como los lobos, tienen un lenguaje corporal muy rico que les ayuda a comunicarse y es muy útil para evitar peleas en el grupo. La mayoría de las veces las agresiones hacia las personas se producen porque nosotros no entendemos este lenguaje y tomamos actitudes que, aunque bien intencionadas, atemorizan o amenazan a los perros.

Así como existen varias formas de agresividad, también hay muchas causas que dan distintos tipos característicos de este comportamiento:

-Agresión por dominancia: en una manada es muy importante tener un orden jerárquico entre sus miembros. Esto ayuda a evitar conflictos y a que el grupo funcione como un todo, con tareas específicas a cada individuo según su posición en la escala social. Casi siempre aceptará a las personas en un rango superior a él y se mostrará obediente, sumiso y tendrá deseos de agradar y seguir a sus amos. Sin embargo hay perros con personalidad más dominante. Estos intentarán ubicarse más alto en la escala, lo que se logra con demostraciones de poder que incluyen el lenguaje corporal que ya mencionamos y las agresiones. Estos perros suelen comportarse bien mientras no sientan que han sido desafiados en su status; el problema es que pueden tomar como amenaza que intentes quitarlo del sofá, que quieras tocar su cabeza repentinamente o que lo abraces sin previo aviso. Los golpes y castigos no hacen más que empeorar la situación, porque crean una escalada de agresividad que el perro responderá mientras pueda y pueden terminar en un ataque feroz.

En este tipo de agresión es muy importante conocer los signos y el lenguaje corporal, porque se requiere un dueño que no se atemorice y sepa demostrar dominancia sobre el perro sin llegar a la agresión física. Estos animales no son buenas mascotas para un hogar con niños o personas inexpertas en el manejo de los perros. Esto, por supuesto, no quiere decir que hay que sacrificarlo; puedes recurrir a tu veterinario o a alguna sociedad protectora que te ayude a reubicarlo en un hogar más apropiado. Si decides conservarlo, lo más aconsejable es buscar la ayuda de un adiestrador o un especialista en comportamiento que te enseñe como manejarlo sin riesgos.

-Agresión por miedo: esta es una forma de defensa ejercida por un perro que se siente atemorizado por algo. Esto se puede ver cuando se les toca una herida que les duele, por ejemplo. Pero también hay perros excesivamente miedosos que se sienten amenazados por movimientos bruscos, por gritos o porque levantas la mano para lanzar una pelota. Recuerda que lo importante no es tu intención, si no lo que el animal percibe. Estos perros suelen ocultarse cuando llega alguien a la casa, caminan muy pegados a sus dueños, con ojos nerviosos que miran en todas direcciones y las orejas bajas. También pueden ladrar excesivamente cuando alguien se aproxima. Si intentas acariciar a un perro en esta actitud, es muy posible que recibas un mordisco.

Estos perros deben ser tratados con mucha suavidad, hay que darles tiempo para que se habitúen a un lugar o persona nueva. No hay que tocarlos hasta que hayan superado la desconfianza inicial. El adiestramiento ayuda mucho a darles confianza, pero jamás se deben usar golpes, gritos, tirones fuertes de la correa y no hay que perder la paciencia frente a ellos. Únicamente el adiestramiento positivo con recompensas, como el que se practica con el clicker, beneficiará a este tipo de perros.

-Agresión defensiva: incluye la defensa de un territorio, de una persona, de cachorros o de objetos. El perro muestra los dientes, gruñe o ataca a personas o perros para proteger algo que considera suyo. Fuera de estas situaciones el animal puede ser muy amigable. Este tipo de perros constituyen buenos defensores del hogar o de las personas de la familia, pero es importante adiestrarlos en obediencia (¡jamás en ataque!) para tener un buen control sobre ellos y que puedan ser una buena mascota para la familia. De este modo se evita también que desarrollen una personalidad muy dominante dentro del hogar. Si han tomado uno de tus zapatos y no lo quieren devolver, es mejor cambiarlo por algo más atractivo, como comida, en vez de quitárselo por la fuerza.

-Agresión redirigida: esta forma se da cuando la intención es atacar a un tercero al que no se puede alcanzar, entonces la agresión se traslada hacia otro individuo más cercano. Un ejemplo claro es cuando dos perros que conviven se excitan ladrando a otro que pasa por la calle y, repentinamente, empiezan a pelear entre ellos como una forma de descarga. También puede resultar en un mordisco a una persona si ella interviene para coger al perro justo en ese momento. Esta agresión no corresponde en general a un tipo de personalidad, sino que se da en situaciones particulares, por lo tanto no constituye un problema para la convivencia. Solamente hay que evitar tocar a un perro que está visiblemente alterado; es mejor intentar llamar su atención con la voz o con una pelota, por ejemplo.

Si tu perro demuestra agresividad de cualquier tipo, consulta con tu veterinario para que te recomiende a un especialista en comportamiento o a un adiestrador para que te enseñe a reconocer las señales de ira, de miedo o de agresión próxima, además de aplicar las técnicas de corrección que sean más apropiadas para cada perro. Hay muchos modos de encarar el problema de la agresión, pero se requiere entrenamiento y experiencia para saber cuál será la más adecuada para cada caso particular. No se recomienda que intentes nada sin ayuda profesional, pues podrías resultar lastimado o empeorar aún más la situación.




Cuando los ladridos son excesivos

El ladrido es un comportamiento natural de los perros, aunque hay algunos más ladradores que otros. Usualmente es la respuesta a un estímulo, como alguien entrando a la casa o el ruido de una motocicleta. También es una forma de comunicación entre congéneres; más de una vez habrás escuchado como un perro comienza y luego se van sumando los demás hasta formar un verdadero coro de ladridos y aullidos (quizás lo hayas visto en el cine como un elaborado sistema de comunicación, el “aullido nocturno” en la película de los 101 Dálmatas de Disney). En definitiva, a veces el ladrido tiene una razón y otras, no.

Si un perro ladra en exceso puede ser porque está enfadado, solo, aburrido, juguetón, estresado, asustado, atado o confinado o simplemente porque no ha sido educado correctamente. Para corregirlo puede bastar con modificar la situación que genera los ladridos y así aliviar su malestar, o puede necesitar un adiestramiento que modifique el comportamiento indeseado.

Antes que nada debes educar a tu perro en los comandos de obediencia básica (sentarse, quieto, caminar con correa) para que él aprenda a seguir tus órdenes. Luego usa el sistema de corrección del tirón con la correa cada vez que ladre. Para esto necesitas un collar educativo y una correa; cuando el perro ladra, aplicas un tirón firme para que el collar apriete un instante y luego afloje, a la vez que dices NO con voz firme. Es necesario que tenga el collar y correa puestos para que puedas aplicar la corrección cada vez que ladre, así tengas que venir desde otra habitación o salir al jardín para hacerlo. Siempre dale una caricia una vez que deja de ladrar y la corrección ha terminado. Esto refuerza la orden y hace que el perro se sienta gratificado.

Recuerda que estás intentando moderar o anular una conducta natural, no una mala acción, con lo cual debes darle tiempo para que se dé cuenta de qué es lo que tú quieres y, sobre todo, no debes castigarlo.

Una situación diferente se plantea en el caso de los perros que ladran cuando se quedan solos. Aquí lo que debes hacer es educarlo para vencer el miedo o la angustia al quedarse solo. Básicamente se hacen salidas muy cortas que se van alargando en la medida que el perro progrese, se le deja música o una radio encendida, también es necesario moderar las caricias y corridas antes de salir, para no dejarlo nervioso o frustrado porque te vas. Si debes ausentarte por muchas horas todos los días te conviene buscar alguna persona que le de un paseo largo o que venga a pasar un rato con él para acortar la espera. Puedes contratar un paseador profesional o un familiar o amigo que pueda hacerlo y sea de tu confianza. Hay también collares antiladridos que pueden ayudar mucho en este caso, pues se activan cada vez que el perro ladra arrojándole un spray de agua en la cara; es molesto pero no le hace daño. Cabe aclarar que este método debe usarse junto con la educación y no por sí solo. Solo el trabajo de hormiga de reeducar a tu mascota hará que él pierda el miedo a quedarse solo en la casa y de esa manera deje de sufrir innecesariamente.




Perros que destruyen cuando se quedan solos

Aproximadamente un 15% de los perros que tenemos como mascotas sufren un desorden de comportamiento llamado ansiedad por separación, que se desata cuando se quedan solos. Estos perros parecen “enloquecer” cuando sus dueños salen de la casa y se comportan de manera inadecuada; rompen cosas, orinan o defecan en sitios prohibidos o ladran o aúllan sin cesar.

No está bien determinado cual es el origen de este problema, pero se supone que es una suma de factores. Hablamos siempre de un perro inseguro y muy apegado a sus dueños. Según algunos estudios llevados a cabo en Inglaterra, muchos de los perros que padecen ansiedad por separación no han sido correctamente socializados en el período que va entre los 5 y los 10 meses. Es importante que los perros se relacionen con diferentes personas en este tiempo para desarrollar un carácter seguro y confiado. Al mismo tiempo es bueno que pasen algún período solos cada día para aprender a esperar tranquilos porque saben que el dueño regresará. También parece haber una incidencia mayor en perros que conviven con una sola persona que en los que lo hacen con un grupo familiar.

Los signos mencionados al principio son los más frecuentes: destructividad, pérdida de hábitos de higiene y vocalización excesiva. Pero también hay otras manifestaciones que nos deben llamar la atención, por ejemplo: salivación excesiva, automutilación (por lamido constante), alteraciones gastrointestinales (vómitos o diarrea), hiperactividad o inactividad, falta de apetito, etc., todo esto observado en ausencia del propietario. Hay perros que manifiestan estos signos cuando el dueño no está, aunque haya otra persona presente, mientras que otros solo sienten esa “ansiedad” cuando se quedan completamente solos.

Para el tratamiento de los perros con este problema existen cuatro abordajes que pueden combinarse para lograr el mejor resultado posible. Estos son:

-Modificación del entorno: consiste en sociabilizar al perro y realizar un entrenamiento para acostumbrarlo gradualmente a no sufrir por la ausencia de su dueño. Se comienza con salidas muy cortas, regresando en pocos minutos para que el perro no llegue a sentirse ansioso. Cuando se queda solo se le dejan golosinas, algún juguete favorito, juguetes con galletas escondidas en su interior para atraer su atención por un tiempo prolongado, música, etc. Paulatinamente se va aumentando el período de ausencia, siempre con los “sobornos” hasta conseguir que el perro se sienta confiado y sepa que el dueño regresará. También se recomienda aumentar el tiempo de paseo, así el perro se cansa y además el ver a otras personas y animales sin sentir miedo le hace ganar confianza en sí mismo. En los perros que tienen fobia a estar solos, la adopción de otra mascota puede tener resultados fabulosos.

-Tratamiento farmacológico: la droga de elección para este trastorno es la clomipramina. Es muy efectiva y ha sido ampliamente usada y estudiada. Es ideal asociarla con la modificación del entorno para obtener resultados más rápidos mientras se realiza el entrenamiento del perro. Existen otras drogas que se pueden utilizar en casos severos donde la clomipramina no funcione. Estas son las bezodiacepinas, antidepresivos tricíclicos e inhibidores de la monoaminooxidasa, que usados en combinación pueden mejorar los efectos obtenidos. Consulta a tu veterinario sobre el problema de tu perro para que juntos decidan cuál es el mejor tratamiento para su recuperación.

-Uso de feromonas: estos productos se han comenzado a usar recientemente y forman un campo muy prometedor para el tratamiento de muchos trastornos del comportamiento. Se comercializa como feromona apaciguadora canina o DAP (dog appeasing pheromone), para el tratamiento de miedos y conductas asociadas al estrés en los perros. Se trata de un análogo sintético de la hormona segregada por las hembras para apaciguar y reconfortar a sus crías. Hasta ahora se han obtenido resultados muy similares a la clomipramina, pero este es un producto más inocuo y fácil de administrar, ya que simplemente se conecta a un tomacorriente y las feromonas se esparcen por el aire en un ambiente de 50 a 70 m3. Se recomienda también asociarlo a la modificación del entorno mencionada en el primer punto.

-Uso de terapias alternativas: puede ser muy útil consultar a un veterinario homeópata, ya que esta medicina tiene un abordaje integral del paciente y puede resolver este síntoma mediante la repertorización de tu mascota. Estas terapias suelen ser lentas, pero su efecto es duradero. Otra opción son las Flores de Bach, que funcionan modificando las emociones que están alteradas, en este caso el miedo, la dependencia del dueño y la falta de confianza del perro en sí mismo. En ambos casos hay que acompañar la terapia con la modificación del ambiente.




Como enseñarle a ensuciar donde debe

Un perro que no ha aprendido a hacer sus necesidades donde corresponde constituye uno de los problemas de comportamiento más desagradables para los dueños de mascotas. Los perros no comprenden que a las personas les provoque tanto asco ver deshechos corporales en el suelo; para ellos es un elemento importante que tiene una utilidad. Es por esto que hay que tener mucha paciencia y dedicarle tiempo a hacerle entender que a nosotros no nos gusta que él haga sus necesidades dentro de la casa. Una vez que él comprenda, hará todo lo posible para satisfacernos.

Si tienes un cachorrito debes saber que su vejiga es pequeña, así como su estómago, y sus esfínteres no retienen muy bien todavía. El no tiene capacidad para aguantar mucho tiempo sin orinar. Hasta los tres meses se calcula que hace pis cada una o dos horas mientras está despierto. Si quieres tener éxito deberás ser muy paciente, usar tu inteligencia y anticiparte a sus necesidades.

Hay dos pautas de comportamiento natural que nos ayudan a entrenar a un cachorrito: cualquier perrito ha aprendido de su madre a no ensuciar su propio nido y siempre busca su propio olor o el de otro perro para orinar encima.

Existen muchos métodos efectivos para educar a un cachorro y todos ellosperros que ensucian requieren esfuerzo y dedicación por parte de los dueños. Lo único que hay que evitar es la forma agresiva de enseñarle, como frotar su nariz en la orina o castigarlo con un periódico enrollado. Siempre debes recordar que estás tratando de modificar un comportamiento natural, algo que el perro no comprende que está mal hasta que se lo enseñas.

Cuando tienes un cachorro pequeño no puedes sacarlo a la calle hasta que tenga sus vacunas, entonces lo que se hace, salvo que tengas un jardín, es enseñarle a hacer sobre un papel en un sitio especial de la casa. Primero debes decidir cuál será el lugar y no cambiarlo, generalmente se escoge la cocina porque es fácil de asear. Los primeros días recubre toda la zona con papel periódico, así el cachorro está obligado a hacer sobre él. No dejes que ande por toda la casa, solo restríngelo a la cocina, si es el lugar escogido, para evitar accidentes. Recuerda que él no tiene buena retención y hay que anticiparse. A medida que transcurren los días irás colocando menos papel para limitar aún más la zona permitida. Siempre deja algún papel con su orina para que él la reconozca y vuelva a ese sitio. También se venden en tiendas unos paños descartables que reemplazan al papel y son más prácticos. Apenas el cachorro se levanta a la mañana y antes de ir a dormir debes llevarlo a los papeles para que orine. Lo mismo después de comer, pues es cuando en general defecan. Ten en cuenta que anticiparte a sus necesidades es la clave para que el entrenamiento funcione.

Solo puedes regañarle (gritarle NO y hacer un ruido desagradable que lo sobresalte) si lo ves haciendo fuera de su sitio. No sirve que lo hagas más tarde porque el perro no entiende qué hizo mal. En cambio siempre es bueno premiarlo cuando hace las cosas bien, así intentará hacerlo de nuevo para complacerte.

Una vez que hayas logrado que haga en su papel puedes dejarlo ir a otras partes de la casa, pero siempre hay que vigilarlo para darse cuenta cuando necesita ir y llevarlo rápidamente a sus papeles. Todo el proceso de aprendizaje puede llevar entre tres días y tres semanas, dependiendo del cachorro y de la tenacidad y paciencia de su dueño.

Para enseñar a un cachorro o un perro adulto a hacer sus necesidades fuera de la casa deberás tener en cuenta los mismos principios básicos, pero cambia un poco el método. En este caso es importantísimo coordinar los horarios de las comidas con una salida inmediatamente después. Si el perro come cuatro veces al día, deberás sacarlo cuatro veces a la calle para que haga sus necesidades. No desesperes, a medida que crezca ya no necesita alimentarse más que dos veces al día. Evita cualquier comida entre horas durante el período de entrenamiento y sobre todo habla con todos los miembros de la familia o las personas que se ocupen del cuidado del perro para que actúen de la misma manera. Para que el perro pueda entender y aprender es fundamental que todos apliquen las mismas reglas y participen en el proceso de aprendizaje. También es importante que las salidas sean solo para eliminar y no para ejercitar o pasear durante este período. Así el perro no confunde el motivo de la salida. Esto lleva solo de dos a cuatro semanas, mientras tanto puedes jugar con él dentro de la casa para ejercitarlo.




Miedo a las tormentas

Se ponen ansiosos, miran hacia todos lados como buscando el origen del sonido. Quizás sea un instinto ancestral que les indica que deben buscar refugio para no mojarse.

Este comportamiento es totalmente normal y si ves que tu mascota hace esto, no debes preocuparte en absoluto. El problema con algunos perros es que parecen volverse locos ante los primeros signos de que se avecina una tormenta. Ellos comienzan a correr de un lado a otro buscando donde ocultarse, pero si escuchan un nuevo trueno salen rápidamente a buscar otro sitio que les parezca mejor; a veces se lastimanpatológica, pues se trata de una fobia, y debe ser tratada para el bienestar del perro y de la familia. intentando entrar en escondite demasiado pequeño o ladran y gimen sin parar y parecen no tener consuelo. Este tipo de reacción es

La solución “de emergencia” es usar un sedante ni bien el perro comienza a alterarse. Puedes preguntar a tu veterinario si tu mascota puede tomarlo, pues hay algunas restricciones en caso de edad avanzada y algunas patologías respiratorias o cardíacas. Los sedantes no harán que tu perro deje de tener miedo, pero sí entorpecen los movimientos lo suficiente como para evitar que se lastime. No son una buena solución a largo plazo, pues no corrigen la conducta sino que solamente la ocultan.

Una mejor opción son los medicamentos modificadores de la conducta, como ansiolíticos o antidepresivos. Estos deben ser recetados por un profesional veterinario, ya sea el clínico o un especialista en comportamiento. El tratamiento se realiza durante varios meses, a criterio del médico veterinario, y después se puede suspender o bajar la dosis según la evolución del animal.

Lo ideal es acompañar el tratamiento médico con un adiestramiento especial destinado a vencer el miedo descontrolado. Lo que se busca es crear en el perro una asociación positiva con las tormentas que haga desaparecer o disminuir el terror que estas le provocan. Para esto puedes consultar a un especialista o intentar hacerlo tú mismo. Este es un tratamiento engorroso y que requiere mucha paciencia y perseverancia, pero a la larga es el que mejor resultados tiene. Hay distintas formas de hacerlo, así que puedes escoger la que mejor se adapte a tu perro y a ti.

Una manera es grabar una tormenta fuerte y ruidosa y luego usar esta grabación para contracondicionar al perro. Lo que debes hacer es aprovechar momentos agradables para tu mascota para pasar la grabación en un volumen bajo, casi imperceptible al principio. Por ejemplo, cuando estás en el living de tu casa acariciando su abdomen o cuando estás jugando o dándole de comer, pones la grabación. Si no parece advertirla, sube un poco el volumen. Cuando notes que se inquieta, aumenta la intensidad del juego o las caricias, distráelo con algo placentero para que olvide el ruido. Esto lo repites, siempre en aumento hasta lograr que no le importe más. Fíjate muy bien de no intentar consolarlo, sino de distraerlo con alegría y actividad, pues si lo acaricias y le hablas como bebé y le dices “ya pasará, muy bien” y ese tipo de cosas solo estarás reforzando su conducta, pues él creerá que gemir está muy bien.

Si lo de la grabación no te parece una buena idea, puedes esperar a que haya una tormenta real y un rato antes de que el perro comience a mostrar miedo, lo sacas a pasear o a jugar a la pelota en el parque o cualquier otra actividad que a él le encante. Cuando comienzan los truenos y lo notas inquieto, haces lo mismo que en el ejemplo anterior: juegas más, le das alguna galleta, muéstrate alegre y sin temor, así le enseñarás una buena actitud y que no hay de qué asustarse.